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Pensamientos

Don’t Worry

nunca pasaran

La mayoría de las cosas por las que nos preocupamos nunca van a suceder. Es algo que leí hace tiempo en un libro que no recuerdo! Pero el concepto me quedó grabado.

Descubrí que me ahorro muchos problemas pensando de esta manera. Parece fácil decirlo, es difícil pensarlo pero lo más complicado es vivirlo. De todas maneras, creo que se empieza teniendo la intención de cambiar.

Despreocuparnos no es algo que nos salga naturalmente, sin embargo es algo muy liberador. Por ejemplo, tuve compañeros de facultad que estaban sufriendo por el parcial el primer día de clases. Eso no es vida. La vida es para vivirla mejor! (dirían los Fabulosos Cadillacs) 🙂

Si sos de esas personas que se viven preocupando me gustaría decirte que de los problemas no hay que preocuparse sino ocuparse. Es decir, una vez que llegan, resolverlos.

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Desarrollo Personal

Preocupate menos

preocupado

En estos últimos días estoy un poco absorto en el trabajo. No suelo quejarme de trabajar mucho. Es más, me jacto de no trabajar mucho, pero en realidad trabajo un poco más que la gente normal, solo que en horarios que no son “normales”. En fin, estaba un poco ajetreado (que lindo usar esa palabra) y por qué no, preocupado. Leyendo anoche encontré algo interesante que me gustaría compartirles.

Las preocupaciones no le añaden un solo segundo a la vida, por eso preocuparse es irrelevante. No altera nada. ¿Cuando fue la última vez que resolviste un problema con preocuparte? […] Tu ansiedad solo produce dolencias cardiacas, nada más. Se puede afirmar lo siguiente acerca de las cosas por las que tanto nos preocupamos:

  • el 40% de ellas nunca va a suceder.
  • el 30% tiene que ver con hechos inmodificables del pasado
  • el 12% se enfocan en opiniones de los demás que no podemos controlar
  • el 10 % se centran en nuestra salud personal, la cual solo empeora con nuestra preocupación.
  • el 8% corresponden a problemas reales que podemos influir.

Leído en Acércate Sediento de Max Lucado.

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Series, Música, Cine y Literatura

Los 35 camellos

Hacía pocas horas que viajábamos sin interrupción, cuando nos ocurrió una aventura digna de ser referida, en la cual mi compañero Beremís puso en práctica, con gran talento, sus habilidades de eximio algebrista.
Encontramos, cerca de una antigua posada medio abandonada, tres hombres que discutían acaloradamente al lado de un lote de camellos.
Furiosos se gritaban improperios y deseaban plagas:
– ¡No puede ser!
– ¡Esto es un robo!
– ¡No acepto!
El inteligente Beremís trató de informarse de que se trataba.
– Somos hermanos –dijo el más viejo- y recibimos, como herencia, esos 35 camellos. Según la expresa voluntad de nuestro padre, debo yo recibir la mitad, mi hermano Hamed Namir una tercera parte, y Harim, el más joven, una novena parte. No sabemos sin embargo, como dividir de esa manera 35 camellos, y a cada división que uno propone protestan los otros dos, pues la mitad de 35 es 17 y medio. ¿Cómo hallar la tercera parte y la novena parte de 35, si tampoco son exactas las divisiones?
– Es muy simple –respondió el “Hombre que calculaba”-. Me encargaré de hacer con justicia esa división si me permitís que junte a los 35 camellos de la herencia, este hermoso animal que hasta aquí nos trajo en buena hora.