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Tres hombres en un bote… por no mencionar al perro!

Allí estábamos los cuatro: George, William Samuel Harris, Montmorency y yo. Nos encontrábamos senta dos en mi cuarto, fumando y hablando de lo mal que estábamos; por mal quiero significar desde el punto de vista médico, por supuesto.

Todos nos sentíamos deprimidos y eso nos estaba poniendo muy nerviosos. Harris decía que por momentos experimentaba vahídos tan extraordinarios, que apenas sabía lo que estaba haciendo; entonces George dijo que él también sufría vahídos y que apenas sabía lo que él estaba haciendo. En cuanto a mí, lo que andaba mal era mi hígado. Sabía que era el hígado lo que andaba mal porque acababa de leer una propaganda de pildoras para el nígado, donde se detallaban varios síntomas por los cuales una persona podía saber cuándo su hígado andaba mal. Yo los tenía todos.

Es extraordinario, pero jamás leo el anuncio de un específico sin llegar a la conclusión de que estoy sufriendo la enfermedad referida, en su forma más virulenta. En todos los casos el diagnóstico parece corresponder exactamente a todas las sensaciones que he experimentado.

Recuerdo haber ido un día al Museo Británico para leer el tratamiento de una ligera dolencia que me aquejaba: creo que se trataba de la fiebre del heno. Obtuve el libro y leí todo lo que necesitaba; y luego, distraídamente pasé las hojas al descuido y empece a estudiar con indiferencia las enfermedades en general. He olvidado cuál fue la primera enfermedad a la que presté atención —sé que se trataba de alguna plaga horrenda y devastadora— y antes de haber leído la mitad de la lista de «síntomas premonitorios», me di cuenta de que la tenía.

Permanecí sentado un rato, helado de horror, y luego, con la indiferencia de la desesperación, nuevamente volví las páginas. Llegué a la fiebre tifoidea, leí los síntomas y descubrí que tenía fiebre tifoidea, que debía tenerla desde hacía meses sin saberlo, y pensé en qué otra cosa tenía; busqué el baile de San Vito —encontré, como lo esperaba, que también lo tenía—. Empecé a sentirme interesado en mi caso, y decidí llegar hasta el fondo; por consiguiente empecé por orden alfabético, leí sobre fiebre intermitente y me di cuenta de que la tenía y de que la fase aguda empezaría en un par de semanas. Me sentí aliviado al descubrir que tenía leve albuminuria y que en lo referente a esto podría vivir muchos años. Tenía cólera con graves complicaciones; y parecía haber nacido con difteria. Recorrí concienzudamente las veintiséis letras del alfabeto y pude llegar a la conclusión de que la única enfermedad que no tenía era bursitis rotuliana.

Eso me molestó algo al principio; en cierto modo parecía una especie de desaire. ¿Por qué no tenía bursitis rotuliana? ¿Por qué esa exclusión odiosa? Pero al cabo de un rato prevalecieron sentimientos menos codiciosos. Reflexioné que tenía todas las demás enfermedades conocidas en la medicina, me sentí menos egoísta, y decidí olvidarme de la bursitis rotuliana. Al parecer tenía gota en su aspecto más maligno, sin darme cuenta de ello; y evidentemente había estado sufriendo cimosis desde la infancia. Después de la cimosis no quedaban más enfermedades, asi que llegué a la conclusión de que no tenía nada más.

Tres hombres en un bote, de Jerome K. Jerome

Por Lucas Fuentes

Blogger, apasionado de internet y de la productividad. Soy el creador de La Caja Multiuso. En twitter soy @lucasfuentes.

3 respuestas a «Tres hombres en un bote… por no mencionar al perro!»

Qué buen libro… De cierto, de cierto os digo: QUE BUEN LIBRO…

Todavía no lo terminé porque tengo miedo de que el mundo colapse cuando lo termine… Como con The OC…

Esos son (entre otros posibles) mis temas inconclusos en la vida… jaja

Milton: hay etapas que tenés que superar. Igual, cuando le termines y pase tiempo te lo olvidas y lo volvés a leer. Es como «Volver al futuro» o los capitulos de «Los Simpson», no tenés problema en volver a verlo

Mariela: Nada me haría mas feliz que puedas conseguir el libro y leerlo. Cuando te pasa algo muy bueno querés recomendarlo y alegrarle la vida a alguien. Si es con un libro, mejor!

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